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Testimonio de víctima, prueba reina que Hernán Giraldo siguió delinquiendo pese a Justicia y Paz

En la denuncia la joven relata cómo fue violada por Giraldo en enero de 2008, cuatro meses antes de que fuera extraditado a Estados Unidos.

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Relato de una de las víctimas de Hernán Giraldo
La víctima fue abusada sexualmente por el exjefe paramilitar, Hernán Giraldo Serna, en dos oportunidades.

Aunque la Sala de Justicia y Paz del Tribunal Superior de Barranquilla aseguró que no hay prueba de que el exjefe paramilitar Hernán Giraldo Serna haya seguido delinquiendo tras desmovilizarse en 2006, una denuncia interpuesta en 2018, sería la prueba reina para demostrar lo contrario.

Se trata de una denuncia interpuesta por una adolescente, quien contó ante la Fiscalía General de la Nación, cómo fue violada por el expara, cuando ella apenas tenía 15 años.

El relato fue publicado por el diario El Espectador y al parecer los hechos ocurrieron cuatro meses antes que extraditaran a Estados Unidos, al exlíder de las Autodefensas Unidas de Colombia.

En el relato, el medio modificó el nombre de la víctima y de otras personas que son parte de su testimonio para proteger sus vidas. También se obviaron algunas ubicaciones con el mismo propósito. Este es su relato:

“Me llamo Ana Milena. Para el momento que ocurrieron los hechos eran principios de enero de 2008. Antes de lo que me pasó era una niña de 15 años con muchos sueños. Tenía planeado viajar a Bogotá y estudiar una carrera profesional. Me separé de mi familia en ese momento porque me habían ofrecido un trabajo en la capital como niñera, entonces viajé desde un pequeño pueblo a una ciudad para luego transportarme por tierra a Bogotá. Sin embargo, la oferta de trabajo se cayó y decidí quedarme en esa ciudad a rebuscármela. En ese momento conocí a una señora que me ofreció quedarme y que me iba a ayudar con los estudios, pero que también le podía ayudar con los oficios en la casa.

Fue así que empecé a trabajar con esta señora, que a su vez trabajaba para Giraldo. No sé qué hacía, pero allá se movía mucho dinero, ella viajaba todo el tiempo. Nunca me metí en esos temas y me dediqué a estudiar y a ayudar en la casa. Sin embargo, había otra chica que sí se la llevaban a la cárcel a Giraldo. Un día contesté una llamada en la casa y era él; empezó a preguntarme sobre mí, que cuántos años tenía, cómo era físicamente. Desde la cárcel llamaba. Luego de esto la señora me empieza a decir que Giraldo me mandaba saludos y recuerdo que le dije que no me interesaban para nada sus saludos ni nada relacionado con él.

A los pocos días, cuando siguió insistiendo y yo le volví a decir que no me interesaba, la señora me dijo ‘igual no puedes hacer nada, si te digo que vamos es porque vamos a ir. Además, allá afuera nos están vigilando y podría pasar algo’. Ella se refería a los hombres de Giraldo, afuera siempre estaban unos tipos en una camioneta. Sentí mucho miedo porque pensaba que si no aceptaba me iban a matar. En ese momento no era una chica para tomar decisiones, era muy vulnerable. Tampoco le dije nada a mis padres por lo mismo, temía que les pasara algo. Sentí mucho temor. Además, para ese entonces sobre Giraldo se decía que los padres le vendían sus hijas o se las entregaban.

Un domingo ella me dice: ‘Hoy no va a ir María, te toca a ti’. Recuerdo que fue a la Registraduría e hizo unos papeles. Al llegar a la cárcel me pasó un fajo de dinero que había camuflado en una toalla higiénica y que luego se lo entregué a Giraldo. Al ingreso lo único que escucho es que la señora dice “Justicia y Paz”, pero no recuerdo qué cárcel era. Básicamente era como si se tratara de una visita conyugal. Cuando llegué a su celda la señora se desapareció; esta era distinta a la de los demás, tenía todas las comodidades, nevera, televisor, una buena cama y baño cómodo. Tenía muchos privilegios. El dinero que fui obligada a entrar lo usaban para pagar cosas adentro.

Él cerró la puerta y no le hablaba porque tenía mucho miedo, jamás lo había tenido de frente y no había cruzado palabras con Giraldo a excepción de esa vez que llamó a la casa de la señora. Recuerdo que él me empezó a quitar la ropa y que no paré de llorar mientras él me abusó. Cuando él acabó, me paré de la cama y vi mucha sangre en el tendido; de inmediato cogí mi ropa y me encerré en la ducha. Lloré y lloré durante un largo tiempo; como una hora. Él no me dijo nada en ese momento ni cuando salí del baño. Solo abrió la puerta y apareció la señora, quien tampoco me dijo nada, ni yo le hablé en todo el camino de regreso.

Esto se lo conté a mi familia muchos años después, en 2018, cuando fui a hacer la denuncia a la Fiscalía. Solo mi tía y mi mamá saben de esto. El proceso para animarme a contar esto fue muy difícil. Intenté quitarme la vida varias veces porque no podía con eso, pero cuando pasó el tiempo empecé a ir a una iglesia en donde conocí a Jesús y su gran amor. Eso fue lo que realmente me salvó y le dio valor a mi vida, porque antes esta no tenía sentido, me sentía sucia y sin valor. También pongo la denuncia luego de darme cuenta de que muchas chicas se animaron a denunciarlo y me pregunté: “¿Por qué yo no lo haría?’. Quise olvidarme en algún punto de todo, pero no pude.

También tuve que quitarme el miedo de encima porque después de los hechos yo seguí viviendo con la señora reclutadora como su empleada. Fui dos veces a la cárcel y el tercer día que me tocaba llamaron a la señora y le dijeron que lo habían extraditado. Iba a ser mi tercera vez. Ella se asustó mucho, casi se vuelve loca y le tocó esconderse. En ese lapso empezó a aparecer gente buscándola para matarla, porque ella era la encargada de pagar unas cosas. Una vez un tipo llegó y me agarró y me gritaba que dónde estaba la plata y pues yo no tenía la menor idea. Uno de los duros, que era cercano a la señora y manejaba dinero, lo mataron ese mismo año. También vi que había gente que me perseguía”.

El Espectador conoció que el proceso se encuentra activo y en fase de indagación preliminar. Al cierre de esta edición la Fiscalía no entregó detalles de cómo va el caso luego de más de dos años de haberse denunciado la violación.

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